LA REBELION DE MOTUPE DE 1968
EL DÍA EN QUE MOTUPE SE LEVANTÓ
Marzo de 1968 quedó grabado para siempre en la historia de Motupe. Fue el mes en que un pueblo entero, cansado de los abusos y decidido a defender su dignidad, protagonizó una de las protestas más grandes que se recuerden. Aquel espíritu valiente hizo honor al calificativo que años después le daría Carlos del Castillo Niño: "Motupe, tierra de bravos". Todo comenzó cuando las empresas de transporte Morales y Ubillús decidieron aumentar, de manera injustificada, el pasaje entre Chiclayo y Motupe de S/ 8.40 a S/ 18.40, un incremento que golpeaba duramente la economía de las familias motupanas. La indignación fue inmediata. Como primera medida, los pobladores tomaron la entonces avenida España (hoy Micaela Bastidas) y abrieron zanjas en las calles San José y Cruz de Chalpón, bloqueando el ingreso y la salida de vehículos del distrito. Era el inicio de una lucha que no estaba dispuesta a retroceder. Las reuniones con las autoridades no dieron los resultados esperados. Aunque el precio del pasaje bajó apenas dos soles, la población consideró insuficiente la medida. En una de esas reuniones con el entonces alcalde Segundo Cárdenas Valladares, uno de los ómnibus de la empresa Morales pasó frente al concejo municipal haciendo sonar insistentemente la bocina, en un gesto que muchos interpretaron como una provocación. La reacción fue inmediata. Los asistentes abandonaron la reunión, persiguieron al vehículo y lo condujeron hasta el antiguo pozo ubicado en el sector que hoy conocemos como Santa Rosa, donde terminó cayendo y quedó con la parte delantera completamente destrozada. Pero el conflicto estaba lejos de terminar. Ante la falta de una solución definitiva, la indignación siguió creciendo. Una calurosa noche de marzo, cientos de motupanos se dirigieron hasta la cochera de la empresa Morales, ubicada en El Tamarindo (actual tercera cuadra de la calle Progreso). Allí irrumpieron y prendieron fuego a cuatro autobuses. Las llamas iluminaron todo Motupe. El estruendo de las llantas explotando se mezclaba con los gritos de un pueblo que exigía respeto, justicia y un trato digno. Aquella noche quedó grabada para siempre en la memoria colectiva. Al amanecer llegó la respuesta del Estado. Decenas de policías ingresaron al distrito y realizaron operativos casa por casa en busca de los responsables. Alrededor de veinte motupanos fueron detenidos. Entre ellos se recuerda a Adán Saavedra Sánchez, Rully Falla Failoc, Carlos Solís y Juan "Coquero" Olazábal. Varios de los arrestados fueron sometidos a torturas durante su detención. Sin embargo, el pueblo no abandonó a los suyos. Al llamado de las campanas, cientos de motupanos se concentraron frente a la comisaría, exigiendo la libertad de los detenidos. La presión popular logró que la mayoría recuperara su libertad. Durante las manifestaciones también hubo una dura represión. Policías dispararon armas de fuego y lanzaron bombas lacrimógenas contra los manifestantes. En esos enfrentamientos resultó herida Nilda Zapata, quien desde entonces sería recordada por los motupanos con el apodo de "Bala Perdida", símbolo del sacrificio de una población que luchaba por sus derechos. Tras varios días de tensión, movilizaciones y presión popular, las autoridades cedieron. Todos los detenidos fueron liberados y el precio del pasaje volvió a un monto justo. La Rebelión de 1968 no fue solo una protesta por el costo del transporte. Fue la demostración de que, cuando un pueblo permanece unido, puede enfrentar la injusticia y cambiar el rumbo de su historia. A más de medio siglo de aquellos hechos, el coraje de los motupanos sigue siendo motivo de orgullo y un recordatorio de que la dignidad jamás tiene precio.
